
Se ha cerrado una de las trilogías más memorables de nuestros tiempos. Parece hecho a propósito, ya que han pasado casi 10 años desde Toy Story 2, tiempo suficiente para que los que veíamos estas pelis mientras todavía jugábamos con nuestros juguetes, hayamos crecido y madurado lo suficiente para estar preparados para esta tercera entrega. Es cómo si nos hubiesen dedicado la película especialmente a nosotros los veinteañeros, los niños de antaño. Punto final a las aventuras de nuestros juguetes favoritos, que se despiden de nosotros con la certeza de que aunque seamos demasiado mayores para los juguetes, ellos nunca serán demasiado mayores para nosotros.
Al igual que Andy, con el paso del tiempo nos hemos hecho mayores. Hemos madurado, ya no somos los chiquillos que desplegábamos nuestra imaginación en épicas aventuras junto a nuestros juguetes preferidos. En este nuevo camino que seguimos, tenemos que dejar atrás muchas cosas, entre ellos nuestros jugu..perdón, los juguetes de Andy. La película es eso, una gran y emotiva despedida por todo lo alto.
Cada vez que veo una peli de Pixar siempre acabo pensando que es imposible que nos puedan sorprender la próxima vez. Y la verdad es que tratándose de una segunda secuela, todavía menos. El primer hándicap es que no se empieza de cero, es decir, tendrán que asombrarnos con unos personajes que ya nos conocemos bien, y cuyos precedentes son brillantes. En cierto modo ha sido la película más complicada de Pixar. Pero esta gente son de otro mundo. No sólo consiguen mantener el nivel (y por momentos superarlo) de los anteriores “Toy Story”, sino dignificar las secuelas, y conseguir una trilogía tan magnífica como hacía tiempo que no se veía. Pensando en trilogías cojonudas se me vienen a la mente Star Wars (la antigua, claro), Regreso al Futuro, El Señor de los Anillos y poco más (seguro que hay más, pero ahora no caigo). Es muy complicado algo así. Muchas se dieron la castaña al primer intento de secuela (Matrix), y otras fallaron estrepitosamente en la última (Spiderman). Sólo Nolan y su Caballero Oscuro están, ahora mismo, al alcance de una hazaña de este tipo. Así que Pixar ya tiene otra medalla en su haber. Una trilogía que pasará a la historia por ser redonda del primer al último minuto. Memorable.
Toy Story 3 cumple con todos los requisitos de una peli genuinamente Pixar: buena historia, buenos personajes, emoción, diversión, etc. Pero tiene algo que hacía tiempo que no veía en una peli Pixar: la capacidad de hacerte llorar de risa. No es que las anteriores no fuesen divertidas, pero Pixar siempre ha tirado por un camino más sobrio con el humor, sin abusar de los gags. Bien, pues en este film, pasada la mitad de peli, durante unos 20-30 minutos se suceden, de manera apoteósica y sin respiro, una serie de gags para no parar, con perdón, de descojonarse uno mismo. Hacía muchísimo tiempo que no veía una sala de cine reírse tanto. Probablemente una de las pelis Pixar más divertidas en este aspecto.
Por tanto, Toy Story 3 no defrauda en absoluto. Sabe mantener la esencia de las anteriores películas, grandes dosis de humor, de emotividad, y ese “algo” que tiene Pixar que hace que sus pelis casi gusten más a adultos que a pequeños, aunque estos últimos, a diferencia quizás de Up o Wall-E, encontrarán esta peli muy entretenida, aunque no entiendan ni la mitad de las cosas que transmite Pixar en todas sus pelis. Francamente les envidio. Cuántas decepciones me he llevado con pelis o series de mi infancia en cuánto las he vuelto a ver recientemente. Pero volver a ver estas cosas, y darte cuenta y entender todo aquello que no habías entendido o ignorado completamente te da una extraña satisfacción. Es cómo darle sentido a tu infancia. En algún punto de nuestras vidas hemos sido niños amantes de los dibujos animados, por eso nos gustan estas cosas.
Pixar juega con esto. Sabe que dentro de cada adulto hay un “ex-niño” que se veía cualquier dibujo animado que le pusiesen. Ahora somos menos incrédulos (una lástima), pero algo nos queda de esa época de aventuras y diversión que tanto nos fascinaba. No queda otra que disfrutar el momento, y a los más pequeños que no acaban de entender lo que ocurre en pantalla y te preguntan lo que sucede, bastará con contestarles “ya lo entenderás…”. Y envidiarles por ello. Por todo.
Amén.
Chapó, Alek. Chapó. Das en el clavo con lo que dices y con cómo lo dices.
Dado que la peli roza la perfección, una crítica subjetiva como ésta es lo ideal para no destripar nada importante.
No puedo aportar nada. Como mucho un comentario tecnológico: también a la altura de las anteriores Toy Story (repuestas en 3D), cada fotograma tiene un perfecto equilibro entre efectos pop-out y profundidad, en un 3D tan cómodo que ni te das cuenta (no abusan para nada de los típicos recursos, a veces excesivos o mareantes). Sin apenas “ghosting”, es lo más perfecto que se puede ofrecer hasta la fecha.