
Lo que sigue es un relato autobiográfico de esta misma línea.
Hoy hace un año que murió mi padre. Y un pedacito de nosotros, su familia y amigos, murió con él. Porque se lo merecía. Porque necesitaba saber que no estaba solo en la lucha.
Aprendí cuán importante era eso varios meses antes, donde menos lo esperaba y de quien menos lo esperaba.
En octubre de 2010, tenían que abrir la cabeza a mi padre para extirparle el tumor. Y a finales de septiembre, el laboratorio del que formo parte en la Universidad recibía la visita de una serie de investigadores punteros en nuestro campo a nivel internacional. Venían de Estados Unidos, de Canadá, de Austria, de Gran Bretaña y de Dinamarca. No podía perder la oportunidad de conocerles.
Y ahí estaba yo, asistiendo a unas fantásticas reuniones mientras no paraba de pensar en la operación que iba a enfrentar mi padre. Una de las investigadoras me preguntó por ello. Como ya he dicho en otras ocasiones, conocemos muy bien el cerebro, así que nuestra conversación era “semiprofesional”. Aún así, su consejo respecto a cómo debíamos actuar con mi padre justo antes de momentos clave como la operación que estaba a punto de enfrentar fue muy valioso:
– Tenéis que decirle tres cosas – me dijo -, “estamos contigo”, para que no se sienta solo, “estás en buenas manos”, porque es verdad, me cuentas que lo trata uno de los mejores neurocirujanos del país; y “estaremos esperando cuando salgas.” ¿Me entiendes? Dile: “No nos movemos de aquí, estamos contigo, estás en buenas manos.”
Cuando lo puse en práctica, no sé si fue porque insistí demasiado, pero mi padre, con su habitual (mal)humor, casi me manda a la mierda. Así que no volví a decírselo en todo el proceso que duró su enfermedad. Me lo guardaba por si teníamos que enfrentar, Diós no lo quisiera, algún nuevo momento clave en el cuál decírselo, una sola vez, sin insistir.
En junio de 2011 mi padre ya había pasado, además de aquella operación, por ciclos concomitantes de quimioterapia con radioterapia y por otros ciclos de quimioterapia diferentes, además de por una neumonía y alguna otra pequeña complicación. Incluso pasó por una buena época, sin casi dolores de cabeza, sin casi crisis “semi-convulsivas”, y casi haciendo vida normal. Pero el tumor volvió a crecer con avidez y hay quien cree que mi padre “dejó de ser él mismo”. Cuando ingresamos en el hospital especializado en paliativos ya no hablaba, y apenas comía.
Cuatro días más tarde apenas respiraba. Lo venían a cambiar de postura de tanto en cuando, y nos avisaban de lo normal que era que estuviera varios segundos sin respirar, que lo haría de cada vez más a menudo, y de cada vez más segundos. La última vez que vinieron a cambiarle la postura nos avisaron de que no teníamos que asustarnos, que quedaban pocos minutos… Que estuviéramos con él. Enseguida me puse a un lado de la cama cogiéndole de la mano. Mi madre hizo lo mismo en el otro lado.
Tenía los ojos cerrados. Dormía plácidamente, si no fuera porque de repente dejaba de respirar y, muchos segundos más tarde, cogía una bocanada de aire con desespero. Quería seguir respirando y su cuerpo no obedecía, digo mal, su cerebro solamente era capaz de enviar la orden al cuerpo de forma intermitente, a la desesperada. Un momento dado, sin aliento, empezó a temblar, cogido de nuestras manos. Yo le apreté la mano y me incliné para susurrarle al oído.
– Papá, estamos contigo. Estamos todos aquí. Tranquilo. No nos moveremos de tu lado.
Mi padré dejó de temblar. ¿Me oyó? Cogió aire varias veces más, pero a pesar del desespero, se le veía tranquilo, no volvió a temblar. Aunque un momento dado, como le sucede a todo el mundo tarde o temprano, tampoco volvió a respirar.
Papá, estás en buenas manos. Estaremos esperando.
Gràcies
Avui ja fa un any, i El trob mes en falta que es primer dia. (Hoy hace un año, y lo añoro mas que el primer dia)
Gracies germa petit.
Familia Flexas Oliver, estamos a vuestro lado, siempre en las mejores manos… Tranquilos, nunca nos olvidaremos de el.
Estimats cosins ,vos estimam molt i encara que jo no ho digui tan bé ,també el trobam a faltar.
Querida familia :
Sencillamente me uno a vosotros en el recuerdo del GRAN ESPOSO Y PADRE…
Un abrazo extensible a toda la familia…
No le habéis dejado solo y él sin duda sigue a vuestro lado cada momento.
Un abrazo.
Molt estimats cosins,
Podeu estar ben segurs de que tots noltros estam aquí i on faci falta, sempre amb TOTS voltros.
Per molts d’anys que passin (i que en podem comptar molts) l’enyorarem i el notarem a faltar!
I no dubteu que hem estat, estam i estarem sempre en bones mans.
Una forta abraçada!!
Gracies Albert
T’estim